miércoles, 17 de octubre de 2018

La Talidad

Escrito en mayo, 2017


Tengo una herida profunda en mi corazón. Un acontecimiento que marcaría incalculablemente el resto de mi vida. Hay algo que está mal en mi interior. No logro concentrar mis fuerzas en propósito alguno para mi vida. Siento un estigma en la frente, y un síntoma de profunda autocompasión. Me he vuelto una persona insegura, insatisfecha, llena de complejos no asumidos; y como un niño creyendo que todavía podía seguir jugando a la vida. No quiero darme cuenta que el juego se hizo verdadero.

El acontecimiento ocurrió en el año 2013, cercano a septiembre. Me encontraba en una etapa en la vida en la cual cuestionaba intensamente todo el conocimiento que ingresaba a mi cognición del mundo. Comenzaba a despertar en mi un poder tremendo, y a su vez, se efectuaron cambios bruscos en mi personalidad y en mi forma de actuar. Me encontraba muy disperso y con mucha energía cada día para ir descubriendo cosas nuevas, aprendiendo técnicas, ampliando mi intelecto, y fue entonces cuando comencé a forzar en demasía el pensamiento. Desde que me levantaba hasta que me acostaba todo lo que hacia era pensar demasiado todas las cosas nuevas que ingresaban a diario, queriendo abarcarlas todas y al mismo tiempo creando un proceso psicológico que condujera a una realización a un nivel espiritual, campo que antes no me había embarcado de tal forma.

Fue durante esos días en que mi cabeza funcionaba a más de lo que podía soportar mi capacidad intelectual, que un día no aguanté más: ya no podía pensar más. Estaba colmado hasta el tope, mi cabeza era un laberinto y sentía que me iba a explotar. Me dolía mucho, y siendo todavía temprano, pasada las 12.00 del día, resolví recostarme unos momentos con el propósito de meditar y vaciar la mente.
En el estado terrible de malestar mental que me encontraba, no pudo haber mejor remedio para mi psiquis que una meditación. Logré meditar espontáneamente casi sin sobre esfuerzos para no quedarme dormido, puesto que no tenía sueño. Estaba consciente de que estaba meditando, pero a un nivel de silencio interno el cual jamás he logrado alcanzar nuevamente. Una sola vez desde aquél entonces estuve cerca de alcanzarlo, pero no fue tan intenso. Esa vez fue profundo, me encontraba abstraído del mundo y al mismo tiempo estaba presente. Era una especie de irrealidad, un trance. Fue entonces cuando sentí que algo en mi frente se desquebrajaba. Sentí un movimiento muy fuerte y una especie de explosión por intentar llamarlo de alguna manera, la cual fue tan violenta que me vi forzado a abrir los ojos, y tuve una visión. Lo que vi se puede describir de cierta forma, pero al hacerlo se aleja de su esencia. Vi una luz intensa profunda blanquecina casi celeste. Parecía provenir de una fuente inconmensurable, la cual no poseía forma. Y esta luz inundó todo mi campo perceptivo en su totalidad, junto con la sensación concreta de que se me abría la cabeza, la frente. Esta experiencia duró tan solo unos 3 segundos, pero fueron suficientes para marcarme ineludiblemente por el resto de mi vida.



Al concluir la visión mi impulso instintivo racional fue el de ponerme de pie rápidamente buscando a mi alrededor algo que pudiera explicar lo que había visto. Nada. Me sentía ya más ligero de mente, podía pensar mejor, pero me sentí angustiado. Me volví acostar y descansé. 
La idea de la iluminación era algo que sencillamente me aterraba. No sabía como concebir lo que me había ocurrido, y no había nada ni nadie que me pudiera dar una respuesta concreta, puesto que la experiencia había sido única e irrepetible, y por más que pudiera relatarla, narrarla, en vez de conseguir respuestas lo que conseguiría serían serias dudas respecto de mi salud psicológica y mental. Decidí callar. 

Sin embargo los días posteriores percibía todo infinitamente diferente, sabía que se me había abierto la cabeza, y que había tenido una experiencia muy difícil de conseguir a voluntad. Tenía un nivel de entendimiento tan terrible que consideré la idea disparatada que me había ocurrido algo parecido a Krishnamurti, el cual estuvo en un momento de su vida muy afectado a nivel psicológico porque pensaba que iba a ser el próximo mesías, el salvador del mundo.

Pensé en la cantidad de maestros espirituales que existen, y los comprendía a todos y comprendía lo que ellos hablaban, y lo que habían visto, y veían, y también comprendía que mi nivel de percepción del mundo ya jamás iba a ser el mismo. Me sentía aterrado cada día ante estas ideas y también ante la nueva perspectiva de mi mismo. Había tenido sin duda una experiencia metafísica. Así lo consideraba podía rendir cuentas de los cambios tremendos que mi percepción me entregaba, desde cambios en la intensidad de la luz de los colores, hasta pre cognición, intuición, mucha energía, sensación de libertad infinitas, individualidad consciente, amor a los seres humanos, a los seres vivos, ausencia de ego, etc., etc., etc.

Comencé a considerar tomarme las cosas con mucha calma pero había una fuerza terrible en mi interior que me empujaba a aprender y deborarme todo cuanto tuviera que ver con espiritualidad, metafisica, mística, etc. Allí fue cuando llegué, nuevamente, a la institución gnóstica de Samael Aun Weor, pero esa es otra historia.

Recuerdo un día en que estaba desesperadamente intentando conseguir un libro de Carlos Castaneda, y me hallé de pronto corriendo hacia una biblioteca a conseguirlo, y fue entonces cuando me detuve en medio de la calle y me pregunté que diantres estaba haciendo. ¿Qué me había ocurrido, qué era lo que me empujaba a semejante desesperación? Tenía un impulso incontrolable el cual intentaba controlar para convertirlo en algo más racional.

Muchos meses pasaron hasta que encontré un fragmento de un libro de Samael, en donde hace mención a algo que encuentro es lo más cercano que he leído alguna vez de lo que a mi me pasó. Este es el fragmento:



"CAPÍTULO II. “LA TALIDAD”

Mucho más allá del "VACÍO ILUMINADOR" y de la maquinaria de la Relatividad, existe la “Talidad” esto es “LA TOTALIDAD”.

“EL VACÍO ILUMINADOR ES EL VESTÍBULO DE LA TALIDAD”.

“Quien experimenta el Vacío Iluminador, si no regresa aterrorizado entra en la “TALIDAD”.

Retrocede el místico aterrorizado ante el “Vacío Iluminador” cuando jamás ha pasado por la ANIQUILACIÓN BUDDHISTA.

En el Océano de la Luz Increada EL “NO SER” ES EL “REAL SER”.

Se ES realmente lo que uno cree que no es.

Ser algo que uno cree que no es, es SER REALMENTE.

¿Si todas las cosas se reducen a la unidad, la unidad a que se reduce?

¡Incuestionablemente la Unidad se reduce a todas las Cosas!

Decir esto en forma enfática, resulta cosa fácil, comprenderlo es un poco más difícil, más no imposible.

Sentirlo, experimentarlo directamente, vivenciarlo es casi imposible...

Quienes alguna vez han pasado por tal experiencia mística, saben lo que es “EL VACÍO ILUMINADOR”.

Solo esos, los pocos, conocen directamente eso que está más allá del Cuerpo, los afectos y la Mente, eso que es la VERDAD.

Afirmar intelectualmente que somos el árbol, el pájaro que vuela, el pez, el sol, los soles, resulta muy fácil.

Identificarnos con el árbol, con el pájaro, con el pez, con el sol, con los soles, en estado de éxtasis y luego sentirnos siendo todo eso, resulta muy sencillo y al alcance de cualquier místico iluminado, es sencillísimo.

Ser realmente el árbol, el pájaro, el pez, el sol, los soles, resulta casi imposible, es “SUNYATA” la experiencia del “VACÍO ILUMINADOR”.

Para comprensión de nuestros lectores diremos que una cosa es identificarse con el árbol y otra muy distinta ser el árbol.

En “SUNYATA” experiencia directa del Vacío Iluminador, se es realmente el árbol, el pájaro, el pez, el sol, los soles, el mundo, los mundos, todo lo que es, ha sido y será.

Cuando se tiene “Ego” la Esencia regresa como LA LÁMPARA DE ALADINO a la botella, el interior del ego.

Así se pierde el “SUNYATA”, la experiencia mística de lo real.

Es precisamente en “SUNYATA” cuando se experimenta directamente eso que es la VERDAD.

La Esencia en “SUNYATA” se mueve libremente en el seno del “VACÍO ILUMINADOR”.

La gota se sumerge entre el océano de aquello que nadie entiende

Lo que es realmente nunca es entendido por aquellos que viven en el tiempo.

Eso que experimenta la Esencia, aterroriza espantosamente al ego, Ser todo y no ser alguien resulta espantoso para quienes retroceden en la “aniquilación Buddhista”.

La autentica felicidad del SER horroriza al ego.

En “SUNYATA” existe un elemento que transforma radicalmente.

Quien alguna vez ha experimentado el “SUNYATA” trabajara intensivamente sobre sí mismo, sin desmayar jamás.

En el “VACÍO ILUMINADOR” se siente lo que nunca se puede expresar con palabras.

Eso que se siente en el SER causa dolor al ego.

El SER y el EGO son incompatibles. Son como el agua y el aceite nunca se pueden mezclar.

En “SUNYATA” la gota se diluye más y más entre el gran océano... Se extiende terriblemente.-

¿Adónde nos llevara?

Aúlla el huracán entre las gargantas de las montañas, el mar azota la playa, se estremece la tierra en sus intimidades...

Todo esto no son sino incidentes pasajeros, vanos aleteos, ligeras vibraciones que se pierden entre eso que está más allá del cuerpo, los afectos y la mente.

En el gran océano se diluye, la conciencia extendiéndose aterradoramente; es río, es mar y mucho más que todo eso.

Toda esa profundidad es terriblemente divina; océanos sin orillas...

Los dioses son tan solo olas de luz entre el océano profundo de eso que no tiene nombre.

La conciencia superlativa del SER, se extiende, se amplía aterradoramente y presiente que al fin ha de perderse en algo aún más profundo...

Si el ego no existiera, toda posibilidad de terror sería algo más que imposible.

Desgraciadamente el ego, aún existe y teme a la ANIQUILACIÓN BUDDHISTA.

Es precisamente el “mi mismo” quien transmite su pérfida vibración a la conciencia superlativa del SER.

Entonces el místico exclama (y yo, entonces... ¿qué será de mí?

Teme el místico dejar de existir... se horroriza... sabe que ha de perderse en la “TALIDAD” (LA TOTALIDAD).

Así es como se pierde el SATORI, el éxtasis, el Shamadí, y se vuelve al interior del “mi mismo”.

Cuán pocos resisten con éxito el SUNYATA BUDDHISTA.

En realidad la TALIDAD está mucho más allá del universo, de la relatividad.

Incuestionablemente “LA TALIDAD” está también muchísimo más allá del VACÍO ILUMINADOR.

La maquinaria universal de la Relatividad y su opuesto, EL VACÍO ILUMINADOR, son tan solo los opuestos de eso que es y sin embargo no es.

“LA TALIDAD” es la síntesis de esos opuestos, aquello que existe más allá de toda posible existencia.

Indubitablemente aquello que existe más allá de toda posible existencia, es realmente eso que no es absolutamente para la mente.

“EL VACÍO ILUMINADOR” es tan solo el vestíbulo de la sabiduría; tú lo sabes.

Quien esto escribe experimentó por tres veces consecutivas el “VACÍO ILUMINADOR”; ahora parla porque (...)



Todo el efecto que hizo fue confirmar mis sospechas: estaba condenado por el resto de mi vida a la búsqueda de la liberación. Y a la desdicha más tremenda, por haber 
tenido un atisbo de asomo a algo que sobrepasa lo imaginable, y a un poder inefable al cual no me sentía ni una pizca preparado para recibir, y que sin embargo es posible acceder deliberadamente a él. Qué desdicha.
Fue en esos tiempos también donde tuve la clara certeza de la real existencia de la Divinidad. Puedo decir que todo lo que habla el esoterismo es algo muy concreto y real, sin embargo no todos los autores que hablan de ello puede que lo hallan experimentado por si mismos. Y de ahí vienen las especulaciones y campos sumamente incipientes relacionados a la mística, en donde se siguen patrones, doctrinas, disciplinas, cosmovisiones, etc., etc., etc.; todo con el fin de obtener resultados prácticos en base a lo que considero una especie de hipóstasis, de la cual lo abstracto y espiritual se transforma en una especie de reflejos simbólicos de lo que ocurre realmente en nuestro mundo psicológico más íntimo, y con el Ser con el cual buscamos identificarnos para fundirnos con la dicha real y dejar de lado la angustia de existir.




Nomblade