rase un niño que, paseando por el bosque, un día encontró una
bella mariposa. Tan múltiples y armoniosos eran sus colores que estuvo largo
rato observándola revolotear alrededor de él, hasta que la mariposa se posó en
una roca muy cercana, y le habló:
-¿Podrías enseñarme a leer?- le dijo.
El niño, realmente muy asustado, se levantó y miró hacia todos lados. Al notar
que estaba solo con la mariposa, le preguntó:
-¿Puedes hablarme?
A lo que la mariposa, un poco ruborizada, le contestó:
-¿Puedes oírme? Perdóname si te he asustado, resulta que jamás en mi vida había
intentado comunicarme con un ser como tú, pero me observabas con tanta
serenidad que decidí arriesgarme, y de paso saber si podías enseñarme eso a lo
que ustedes llaman “lectura”.
-Pero tú eres una mariposa, no puedes leer…
-Y tú eres un niño, y sin embargo, puedes oírme –se defendió la mariposa.
-Mmm…sí, es verdad- reflexionó el niño. –Si yo puedo oírte, quizás tú puedas
leer.
-Pero no sé cómo se hace. Enséñame, por favor –le rogó la mariposa.
-Está bien, lo intentaré –contestó el niño.
Al otro día, el niño fue
al bosque, al mismo lugar del singular encuentro, y allí estaba ella,
extendiendo sus alas hermosamente, posada sobre la misma roca.
-Hola… -saludó dubitativamente el niño, temiendo que todo lo ocurrido el día
anterior se hubiese tratado de un juego de su imaginación. -¿sigues con la
capacidad de hablar, o…?
-¡Sí, aquí estoy! Lista para aprender lo que ustedes llaman “leer”.
Y así, desde ese entonces, el
niño todas las tardes durante una semana entera estuvo yendo al bosque a
enseñar a leer a la mariposa. Para efectuar tan extraña tarea, llevó los
apuntes que le habían pasado en la escuela, más un par de silabarios y algunos
cubos de juguete, que tenían el alfabeto completo.
Sorprendido estuvo cuando cayó en la cuenta de que la mariposa aprendía las
letras rápidamente, y unía las palabras a una velocidad a la cual difícilmente
ningún niño que estuviese intentando aprender a leer hubiese podido igualar.
A la semana siguiente, el niño llevó su
primer libro de cuentos, el que le había regalado su tía Ana cuando él también
estaba aprendiendo.
Tanta fue la sorpresa del niño al descubrir que la mariposa, de forma sagaz y
espontánea, lograba hilar todas las palabras y leer de corrido una historia,
que profirió un grito ahogado, y asombrado exclamó:
-¡Vaya! Nunca imaginé que una mariposa lograse aprender a leer, ni mucho menos
que yo le hubiese enseñado. Si lo contara en mi casa, ¡pues estoy seguro que nadie
me lo creería!
-Pues, ¡de seguro que a mí tampoco me creerían! –repuso la mariposa.
Ambos rieron y se divirtieron juntos
por el resto de la tarde. Ya se habían hecho muy buenos amigos.
Pasaron muchos días, incluso semanas, y
el niño iba casi a diario (no podía ir todos los días debido a sus obligaciones
en la escuela) a leer junto a la mariposa; y leían toda clase de cosas: libros,
cuentos, artículos, revistas, hasta incluso recetas de cocina que el niño
tomaba prestadas de un estante, ya que eran de su mamá.
Un día, el niño llevó un libro de
biología de la escuela, y le enseñó a la mariposa lo que otras personas habían
escrito al respecto de su especie. La mariposa estuvo muy asombrada de todo lo
que los humanos pensaban de ella, por lo que, tímidamente, le dijo al niño:
-¿Te puedo hacer una pregunta que me ha dado muchas vueltas estos días por la
cabeza?
-Claro –le respondió alegremente el niño, muy orgulloso de haberle enseñado
tantas cosas a la mariposa, y de poder seguir mostrándole todavía más.
-¿Ustedes, los humanos, por qué leen? –preguntó la mariposa.
-¡¿Cómo que por qué leemos?! –exclamó el niño riendo, y divertido por la
pregunta de la mariposa. -Porque así podemos conocer lo que otras personas
piensan, pues está claro.
-Sí, pero ¿por qué no mejor vas y le preguntas a esas personas lo que piensan,
en vez de tener que, ellos dedicarse a escribir, y tú, dedicarte a leer lo que
ellos escribieron?
-Pues porque creo que somos muchos, y sería un verdadero problema si nos dedicásemos todos a preguntarnos sobre todas las
cosas.
-Sí, puede que tengas razón, –asintió la mariposa -pero también nosotras somos
muchas, y además, existen muchas otras especies, de todos los tipos, y el hecho
de no saber leer no nos resulta un problema.
El niño abrió la boca para decir
algo, pero ni una sola palabra salió de ella. Luego de mantenerse en silencio
durante unos minutos, y de mucho pensar en su respuesta, dijo:
-Quizás así es para ustedes, pero tú no te hubieras enterado de ninguna de
todas las maravillosas cosas que te he enseñado. ¡Incluso yo he aprendido mucho
leyendo contigo!
-Tampoco las necesitaba saber –dijo con serenidad la mariposa, y prosiguió:
“Cuando te pedí que me enseñaras a
leer, quería descubrir qué era aquello tan importante que ustedes llaman
lectura, ya que siempre lo mencionan, por lo que al parecer se trata de una
necesidad. Pero yo te diré que no siempre fue así.
Mis pares mariposas me han
contado que a ellas le han contado, que a su vez otras mariposas les han
contado, a lo largo de muchos, muchísimos años, que antiguamente los humanos,
las mariposas y todas las especies podían comunicarse entre sí, ya que estos
eran muy parecidos, y no en aspecto físico, sino que en los quehaceres y el diario
vivir. Ellos disfrutaban, junto a nosotras y los demás, de la suave brisa por
la noche, de las tardes de sol en primavera, de los aromas de los árboles y
plantas, del rocío matinal, y de los claros y manantiales en medio del bosque. Todo
aquello y muchas otras cosas eran parte de un profundo bienestar, del cual
compartíamos.
Pero poco a poco, los humanos se
fueron alejando de los bosques y de las montañas y de las plantas, y comenzaron
a aislarse en sus propios bosques, hechos con materiales que ellos inventaron,
pero todos tomados desde los mismos bosques y montañas. Las especies aseguraban
que el hombre fue paulatinamente cambiando a medida que le comenzaban a
designar significados a formas que ellos mismos creaban, y que ahora tú me has
enseñado, llamadas letras y números.
A toda especie, no solo a las
mariposas, nos causa profunda curiosidad el saber de qué se trata la lectura,
para ver si logramos, en algún punto, encontrar una razón, o alguna explicación
del por qué ustedes se hayan alejado de nosotras.
El niño, sin poder aguantar, se echó a
llorar, ocultando las lágrimas con sus manos, ya que se sintió avergonzado de
que la mariposa se pudiese dar cuenta. Después de un momento, dijo:
-Pero yo estoy aquí contigo… tú eres mi amiga y no te dejaré, ni me aislaré, ni
tomaré cosas del bosque para irme lejos, ni…
-Lo sé –la interrumpió la mariposa. –Tú
eres mi mejor amigo, y no me gustaría que eso pasara, pero también me alegro de
haber tenido la valentía para hablarte, porque si no, quizás no estaríamos
aquí, y eso es lo único que a mí me importa realmente, el estar aquí… aquí y
ahora. Nosotras las mariposas siempre hemos vivido felices con lo que sucede y
alertas con los cambios que ocurren en la naturaleza, de eso se trata nuestra
existencia, ¡y es que no podemos hacer otra cosa, más que ser felices! No
tenemos ninguna otra opción.
Y el niño y la mariposa juraron, en
nombre de estar viviendo aquí y ahora, ser amigos por siempre.
Nomblade