miércoles, 10 de enero de 2018

Al Llanos de Challe

Este es mi Parque, es mi paisaje;
la brisa inocente entregada al 
color.

La última punta de un naranjo pálido 

que no brilla pero si
presiente.

Se esfuma, difumina, marca el paso del día y de la noche

que se entrega, como yo me entrego a estas rocas conocidas
ya.

La calma inquieta y serenidad infinita 

de un mar estridente, imperturbable arenal 
perturbado.

Frías manchas oscuras ofrecen a las gentes un sustento y una historia. 

Nubes, eternas grises deambulan en el día, y en la
noche.

Secreto abismante, de dimensiones llanas y profundas.

Altura mesurada, lianas costeras de directrices curvas y violentas en 
punta.

Este es mi sitio, es mi olor, es mi penacho, 

mi cena, mi 
asombro.

Anidan cientos de miles de almas vivas 

de andar en un hóspito arenal de 
mar.

Desierto, oh desierto costero

que ayudas a triunfar a los amigos y enemigos de la providencia, el devenir de los 
eones.

El tiempo se nota astuto y pasivo, pero ardiente y manso.

Sabia brizna del cielo y las nubes, que inunda una tierra de brillos y colores palpitantes al asomo del paso del 
hombre.







Parque Nacional Llanos de Challe, III Región de Atacama, Chile.



Nomblade

sábado, 6 de enero de 2018

El niño y la mariposa

          rase un niño que, paseando por el bosque, un día encontró una bella mariposa. Tan múltiples y armoniosos eran sus colores que estuvo largo rato observándola revolotear alrededor de él, hasta que la mariposa se posó en una roca muy cercana, y le habló:
-¿Podrías enseñarme a leer?- le dijo.
El niño, realmente muy asustado, se levantó y miró hacia todos lados. Al notar que estaba solo con la mariposa, le preguntó:
-¿Puedes hablarme?
A lo que la mariposa, un poco ruborizada, le contestó:
-¿Puedes oírme? Perdóname si te he asustado, resulta que jamás en mi vida había intentado comunicarme con un ser como tú, pero me observabas con tanta serenidad que decidí arriesgarme, y de paso saber si podías enseñarme eso a lo que ustedes llaman “lectura”.
-Pero tú eres una mariposa, no puedes leer…
-Y tú eres un niño, y sin embargo, puedes oírme –se defendió la mariposa.
-Mmm…sí, es verdad- reflexionó el niño. –Si yo puedo oírte, quizás tú puedas leer.
-Pero no sé cómo se hace. Enséñame, por favor –le rogó la mariposa.
-Está bien, lo intentaré –contestó el niño.


         Al otro día, el niño fue al bosque, al mismo lugar del singular encuentro, y allí estaba ella, extendiendo sus alas hermosamente, posada sobre la misma roca.
-Hola… -saludó dubitativamente el niño, temiendo que todo lo ocurrido el día anterior se hubiese tratado de un juego de su imaginación. -¿sigues con la capacidad de hablar, o…?
-¡Sí, aquí estoy! Lista para aprender lo que ustedes llaman “leer”.


         Y así, desde ese entonces, el niño todas las tardes durante una semana entera estuvo yendo al bosque a enseñar a leer a la mariposa. Para efectuar tan extraña tarea, llevó los apuntes que le habían pasado en la escuela, más un par de silabarios y algunos cubos de juguete, que tenían el alfabeto completo.
Sorprendido estuvo cuando cayó en la cuenta de que la mariposa aprendía las letras rápidamente, y unía las palabras a una velocidad a la cual difícilmente ningún niño que estuviese intentando aprender a leer hubiese podido igualar.

         A la semana siguiente, el niño llevó su primer libro de cuentos, el que le había regalado su tía Ana cuando él también estaba aprendiendo.
Tanta fue la sorpresa del niño al descubrir que la mariposa, de forma sagaz y espontánea, lograba hilar todas las palabras y leer de corrido una historia, que profirió un grito ahogado, y asombrado exclamó:
-¡Vaya! Nunca imaginé que una mariposa lograse aprender a leer, ni mucho menos que yo le hubiese enseñado. Si lo contara en mi casa, ¡pues estoy seguro que nadie me lo creería!
-Pues, ¡de seguro que a mí tampoco me creerían! –repuso la mariposa.

         Ambos rieron y se divirtieron juntos por el resto de la tarde. Ya se habían hecho muy buenos amigos.

         Pasaron muchos días, incluso semanas, y el niño iba casi a diario (no podía ir todos los días debido a sus obligaciones en la escuela) a leer junto a la mariposa; y leían toda clase de cosas: libros, cuentos, artículos, revistas, hasta incluso recetas de cocina que el niño tomaba prestadas de un estante, ya que eran de su mamá.

         Un día, el niño llevó un libro de biología de la escuela, y le enseñó a la mariposa lo que otras personas habían escrito al respecto de su especie. La mariposa estuvo muy asombrada de todo lo que los humanos pensaban de ella, por lo que, tímidamente, le dijo al niño:
-¿Te puedo hacer una pregunta que me ha dado muchas vueltas estos días por la cabeza?
-Claro –le respondió alegremente el niño, muy orgulloso de haberle enseñado tantas cosas a la mariposa, y de poder seguir mostrándole todavía más.
-¿Ustedes, los humanos, por qué leen? –preguntó la mariposa.
-¡¿Cómo que por qué leemos?! –exclamó el niño riendo, y divertido por la pregunta de la mariposa. -Porque así podemos conocer lo que otras personas piensan, pues está claro.
-Sí, pero ¿por qué no mejor vas y le preguntas a esas personas lo que piensan, en vez de tener que, ellos dedicarse a escribir, y tú, dedicarte a leer lo que ellos escribieron?
-Pues porque creo que somos muchos, y sería un verdadero problema si nos dedicásemos todos a preguntarnos sobre todas las cosas.
-Sí, puede que tengas razón, –asintió la mariposa -pero también nosotras somos muchas, y además, existen muchas otras especies, de todos los tipos, y el hecho de no saber leer no nos resulta un problema.

         El niño abrió la boca para decir algo, pero ni una sola palabra salió de ella. Luego de mantenerse en silencio durante unos minutos, y de mucho pensar en su respuesta, dijo:
-Quizás así es para ustedes, pero tú no te hubieras enterado de ninguna de todas las maravillosas cosas que te he enseñado. ¡Incluso yo he aprendido mucho leyendo contigo!
-Tampoco las necesitaba saber –dijo con serenidad la mariposa, y prosiguió:


         “Cuando te pedí que me enseñaras a leer, quería descubrir qué era aquello tan importante que ustedes llaman lectura, ya que siempre lo mencionan, por lo que al parecer se trata de una necesidad. Pero yo te diré que no siempre fue así.
         Mis pares mariposas me han contado que a ellas le han contado, que a su vez otras mariposas les han contado, a lo largo de muchos, muchísimos años, que antiguamente los humanos, las mariposas y todas las especies podían comunicarse entre sí, ya que estos eran muy parecidos, y no en aspecto físico, sino que en los quehaceres y el diario vivir. Ellos disfrutaban, junto a nosotras y los demás, de la suave brisa por la noche, de las tardes de sol en primavera, de los aromas de los árboles y plantas, del rocío matinal, y de los claros y manantiales en medio del bosque. Todo aquello y muchas otras cosas eran parte de un profundo bienestar, del cual compartíamos.
         Pero poco a poco, los humanos se fueron alejando de los bosques y de las montañas y de las plantas, y comenzaron a aislarse en sus propios bosques, hechos con materiales que ellos inventaron, pero todos tomados desde los mismos bosques y montañas. Las especies aseguraban que el hombre fue paulatinamente cambiando a medida que le comenzaban a designar significados a formas que ellos mismos creaban, y que ahora tú me has enseñado, llamadas letras y números.
         A toda especie, no solo a las mariposas, nos causa profunda curiosidad el saber de qué se trata la lectura, para ver si logramos, en algún punto, encontrar una razón, o alguna explicación del por qué ustedes se hayan alejado de nosotras.

         El niño, sin poder aguantar, se echó a llorar, ocultando las lágrimas con sus manos, ya que se sintió avergonzado de que la mariposa se pudiese dar cuenta. Después de un momento, dijo:
-Pero yo estoy aquí contigo… tú eres mi amiga y no te dejaré, ni me aislaré, ni tomaré cosas del bosque para irme lejos, ni…
 -Lo sé –la interrumpió la mariposa. –Tú eres mi mejor amigo, y no me gustaría que eso pasara, pero también me alegro de haber tenido la valentía para hablarte, porque si no, quizás no estaríamos aquí, y eso es lo único que a mí me importa realmente, el estar aquí… aquí y ahora. Nosotras las mariposas siempre hemos vivido felices con lo que sucede y alertas con los cambios que ocurren en la naturaleza, de eso se trata nuestra existencia, ¡y es que no podemos hacer otra cosa, más que ser felices! No tenemos ninguna otra opción.

         Y el niño y la mariposa juraron, en nombre de estar viviendo aquí y ahora, ser amigos por siempre.




Nomblade