miércoles, 10 de enero de 2018

Al Llanos de Challe

Este es mi Parque, es mi paisaje;
la brisa inocente entregada al 
color.

La última punta de un naranjo pálido 

que no brilla pero si
presiente.

Se esfuma, difumina, marca el paso del día y de la noche

que se entrega, como yo me entrego a estas rocas conocidas
ya.

La calma inquieta y serenidad infinita 

de un mar estridente, imperturbable arenal 
perturbado.

Frías manchas oscuras ofrecen a las gentes un sustento y una historia. 

Nubes, eternas grises deambulan en el día, y en la
noche.

Secreto abismante, de dimensiones llanas y profundas.

Altura mesurada, lianas costeras de directrices curvas y violentas en 
punta.

Este es mi sitio, es mi olor, es mi penacho, 

mi cena, mi 
asombro.

Anidan cientos de miles de almas vivas 

de andar en un hóspito arenal de 
mar.

Desierto, oh desierto costero

que ayudas a triunfar a los amigos y enemigos de la providencia, el devenir de los 
eones.

El tiempo se nota astuto y pasivo, pero ardiente y manso.

Sabia brizna del cielo y las nubes, que inunda una tierra de brillos y colores palpitantes al asomo del paso del 
hombre.







Parque Nacional Llanos de Challe, III Región de Atacama, Chile.



Nomblade

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