
El paisaje me demostró que la desgracia estaba por dentro.
Que la sensación de plenitud nunca llegaría, aunque la esperase.
La belleza diametral de los colores del espectro azul-violeta era monumental. Como un diamante.
Lo más hermoso que verás en ésta dimensión.
Pero allí dentro no había nada, solo vacío. Es decir,
hubo una mínima luz de asombro y racional admiración, pero eso era todo. Admiración, hacia lo externo.
De la retina hacia adentro, se reflejaba un vacío. El Problema.
Porque siempre hay un problema, una piedra que molesta en el zapato. Pero esta piedra es grande.
El paisaje me decía "esto es todo", y aquí está todo. Es lo máximo a lo que puedes llegar. Hay trabajo, casa,
comida, amor.
Y éste paisaje. Y eso es todo. Todo lo que pueda haber, ya está acá, en éste momento, en este
instante.
Si no lograste sentir plenitud, es ese vacío el problema de tu existencia.
No es que la vida sea cruel, ni la situación sea extrema, y nada terrible realmente ha ocurrido. Pero,
está vacío.
Ese es el problema. No hay nada por lo qué pelear.
Todo está en su lugar, es lo que ha sido forjado. Ya está fijo, y no se puede retroceder,
ni empezar desde el inicio.
Es decir,
se puede empezar de cero.
Pero no desde el inicio.
Que
no es
lo
mismo.
-
Lo bueno es que algo se murió ese día en mi. Es como que al llorar enfrentara el problema de frente, y al frustrarme se descubriera que estaba ahí. Lleva mucho tiempo y muchos viajes.
Es linda la doctrina de la muerte del yo, la disolución del Ego. Dan ganas de aferrarse a la vida, muriendo constantemente.
Genera un desconcierto, y un sentimiento de esperanza, luego de esa disolución.
Creo que he muerto psicológicamente tantas veces, que le he ido perdiendo el miedo a la muerte física.
Y tiene sentido, no por nada hay un grabado en un rincón del mundo que reza sabiamente:
"Si mueres antes de morir, no morirás cuando mueras"
Inscripción en el monasterio de San Pablo, Monte Athos
Nomblade



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