viernes, 8 de enero de 2016

Deambulando en realidades de continuidad difusa

En la obra de Carlos Castaneda ocurre algo que me gusta, y es que las enseñanzas tienen la particularidad de ser incomprobables (científicamente) y al mismo tiempo irrefutables. Pongo como referencia las premisas básicas del punto de encaje. Si bien no está medido que exista un resplandor un metro atrás del omóplato derecho contenido por un huevo luminoso (que vendría siendo nuestro campo energético), sin embargo debemos aceptar cuasi hecho fehaciente que existiría un punto abstracto en donde la percepción y la conciencia se unen, conformando la realidad y el mundo que conocemos. Todo esto nos hace reflexionar, y es que lo que se encierra en torno al misterio de la conciencia no ha podido jamás ser explicado y desarrollado a cabalidad por la ciencia oficial. La conciencia solo es auto cultivable y la experiencia de ser consciente solo es posible para el individuo independiente del observador, lo que reduce las posibilidades de ser examinada en los laboratorios, a pesar de las tentativas y escrutinios de la tardía psicología/psiquiatría. 


Todo esto hace que las enseñanzas del punto de encaje y la instrucción sobre el estar consciente de ser de don Juan Matus sean factibles, ya que cada individuo reconocerá las realidades a las que pueda acceder dentro de su propia experiencia directa, mediante le sea posible y de manera individual. Esto nos va acercando de a poco a la mecánica y física cuántica de la cacareada ciencia oficial, y en cuanto a esto no es tan solo notable lo visionario de las aseveraciones para la época en que fueron publicados los libros, sino el hecho mismo de que el linaje de conocimiento que le fuera transmitido provenga de antiguos chamanes y aborígenes toltecas.


Brujos, videntes, maestros, magos, etc., etiquetas hay muchas…“hombres de conocimiento directo” me parece un alcance más preciso, adecuado. Gnósticos se acerca (gnosis=sabiduría, experiencia directa, conocer directamente sin interpretar), el problema del término es que conduce a pensar en latitudes espirituales, justamente lo que evitó Castaneda: etiquetar y encuadrar; cuidó abstenerse de toda analogía religiosa y mística o que implicara aspectos de la espiritualidad histórica (por una parte, quizás, como estrategia de autenticidad como autor, pero por otra, debido a la naturaleza del conocimiento que pretendía legar); por otro lado, don Juan no le enseñó a través de arquetipos para describir esas fuerzas las cuales pretendía manejar, solo le demostró que existe un poder incalculable al alcance del hombre, y que, ensanchando el vínculo que nos conecta con el espíritu podemos volvernos desproporcionalmente conscientes de ello, a través del uso especializado de la energía y de la percepción.

Así es como en vez de denominar arquetipos o antropomorfismos, don Juan ofrecía experimentar aquellas fuerzas que por ahora poseen una naturaleza desconocida para nuestro campo de lo descubierto. Así mismo como hace 500 años era desconocida la etiqueta de la fuerza electromagnética, la de la electricidad, rayos X, ultravioleta, rayos gamma, etc., podemos y debemos reconocer que serán fuerzas de otro orden; escrutables algunas, pero insondables aún para nuestras condiciones normales de existir.



Veo siempre un obstáculo en aquél que quiera experimentar con la realidad y cuestionar las certezas más concretas de la percepción: la creencia. Hay firmes creencias fundamentadas posiblemente en experiencias esotéricas concretas, y por dichas experiencias se termina afirmando lo otro, es decir, aquello que no se ha podido llegar a corroborar directamente, concluyendo esto en apego total a la creencia. Considero Terrible el obstáculo, ya que la creencia ciega estanca, sobre todo porque el verdadero cientificismo exige gran apertura de la mente y al mismo tiempo mantenerse estricto consigo mismo, con sensatez. No me refiero al académico que experimenta deliberadamente la naturaleza externa, sino al "otro" cientificismo, con un objetivo concreto pero un incentivo muy abstracto y puro: el del "hombre de conocimiento directo", o brujo, en términos de Castaneda.

Esto de hablar de "verdadero o falso cientificismo" molestará bastante incluso a mi mismo. Mas pensarlo así tiene relación con lo que me pasa a simple vista frente al Ateismo promedio, que es lo mismo que me ocurre con los religiosos: basan en gran parte sus afirmaciones en lo que gentes muy dizque académicas y dizque espirituales hablan y dicen, pero cual de ambos (ateos y religiosos) es más fundamentalista al fin y al cabo, ya que ninguno es científico ciertamente. Aun este último, titulado experimenta con la naturaleza externa, pero cuando pide pruebas de lo Invisible quiere representaciones fenoménicas sin sondar la naturaleza interna, y además pide que lo lleven en helicóptero hacia la Conciencia, y si no le gustara lo que vea pediría que lo trajeran de vuelta, y en helicóptero también...



Nomblade

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