viernes, 29 de enero de 2016

Búsqueda de Visión - Enero 2016

La búsqueda de la visión es una práctica heredada de nuestros ancestros, y la realizan hombres y mujeres que luego de cierta edad, etapa o época en su vida deciden retirarse a una montaña, allí pasan en aislamiento y soledad, sin alimentos ni agua durante cuatro días. Esta práctica requiere preparación física, emocional, mental y material ya que también se prepara un altar en el lugar donde decide permanecer la persona. Este contiene cuatrocientos trece rezos en paquetitos intencionados con tabaco, también siete estacas con banderines, los cuales cercarían el perímetro a permanecer, sin salir de él. También una manta con una estrella al medio dispuesta de ciertos colores y un instrumento musical sin cuerdas. Es lo único que puede portar la persona.

Esta resulta ser una aquellas experiencias que sin duda llaman desde lo hondo, y llevaron a mi persona a vivir y entregarse no solo por poner a prueba lo físico, la mente, o la psicología, sino que por la increíble necesidad de romper la continuidad, rasgar el punto de encaje de su lugar. Le siguen también la búsqueda del propósito y de respuestas a las más profundas inquietudes del ser y el existir, provenientes de la angustiosa conciencia de la muerte y nuestro fugaz paso por el mundo.


La última batalla sobre la tierra
Apenas llegué arriba al cabo de una hora me largué a llorar. Qué estoy haciendo aquí, por qué no puedo hacer actividades normales, por qué siempre lo mismo... me decía a mi mismo, siempre me empujo hacia la tarea dura casi sin chistar; solo la parte de mí que no le interesa la experiencia, que quiere comodidad, confort, chistaba cuando ya me encontraba allí. Me hablé en voz alta, como en conversación me decía: qué es lo que no está bien? es la familia? son las relaciones? es tu anhelo al conocimiento? o solo tu miedo a la muerte?, es la búsqueda de la libertad? o solo lo haces al no lograr conectar con éxitos mundanos? Me di cuenta que creía que conocía las respuestas y sin embargo me veía respondiendo cosas que jamás me había dicho a mi mismo, noté que la diferencia radicaba en hacerlo en voz alta. Hacía consciente lo subconsciente de esta forma, elevando el tono, diciéndome las duras verdades que no me atrevía aceptar, o si me las había dicho alguna vez fueron a un nivel tan silencioso dentro, en que casi no me pudiera oír a mi mismo. Sentí que esta técnica ejercía una Medicina poderosa. Seguí así y estuve a punto de gritarme cuando recordé que habían otros buscadores a no tan lejanos metros y resolví continuar en voz baja mi charla "externa". Me critiqué lo que más pude y mostré todos los defectos sin compasión, me señalé con el dedo los miedos, los egoísmos, me inquirí las ocasiones en que no fui franco, las que me mentía. Me restregué en la cara muchisimas veces que un hombre no es lo que dice, sino que un hombre es lo que hace, y aquello tuvo un profundo efecto en mi. Fue el día más emocional que había tenido en años, y lloré como niño arrepentido ante sus nobles padres...

Luego me percaté de una telaraña a escasos centímetros de donde había estado llorando, con su dueña la silenciosa araña. Me quedé observándola por una fracción de la tarde. Entonces caí en la cuenta: Cuántas veces disponemos del tiempo y la voluntad para observar las actividades diarias de una araña? Rara vez en la vida tenemos una tarde de distracciones en el parque o campo y observamos el espectáculo unos minutos, a lo mas una hora. Pero jamás se nos ocurre presenciarlo toda una tarde, o un día entero, nuestro ritmo humano no nos lo permitiría. Observé entonces la frugalidad de nuestro paso por la vida y la oportunidad mínima de ser conscientes. ¿Nos hemos preguntado la perspectiva en que vive un guerrero? El guerrero de una tribu, un pueblo, un imperio, sabe que tiene los días contados, ha gastado increíble cantidad de tiempo, energía y voluntad en una vida entera de entrenamiento para la batalla, para saber que en un segundo todo acaba. Una lanza, una bala. ¿Con qué nivel de consciencia vive? Con la consciencia de la muerte. Sabe que cualquier batalla puede ser la última. Y así es como vive sus días, de acuerdo a estos términos. La muerte encima y al acecho, recordando su fugaz paso por la Tierra.
¡Cuán dichosos seríamos si la consciencia de la muerte se convirtiera en un comando definitivo de nuestra perspectiva y vida!


Sin-hora

El devenir de los astros en el cielo y las tonalidades en el color del día anunciaban la situación del tiempo y el clima. Siempre me ha gustado vivir sin mirar la hora, y disfrutaba aquellos momentos de desvarío en demasía. Habían momentos en que me recostaba y simplemente me dedicaba a estar quieto, sin mirar nada, solo vacío. De pronto me incorporaba y reaccionaba ante la realidad con inquietud. No era capaz de recordar si había permanecido despierto o dormido, ni hacia que lugar se había dirigido mi pensamiento. Aquello había sido una laguna de no-tiempo deliciosa, y sin remordimiento de mi estado conscientivo, solo sabía que había estado ahí y eso es todo. Cinco minutos? Veinticinco? eran exactamente lo mismo. En una ocasión recuerdo haber alejado con la mano a un escarabajo que andaba pronto a subirse a mi manta. El insecto quedó como muerto acostado hacia un lado. Pensaba que mi movimiento había sido violento y lo había matado, pero luego de un indefinible instante había vuelto a retomar su marcha como si nada... aquél bicho me había engañado, se hizo el muerto. Y pudieron haber pasado diez minutos así como cuarenta, nunca lo sabré...




La visión

La madrugada del segundo día vino la primera visión. No la esperaba, para ser franco iba sin expectativas en tener experiencias de tipo metafísico. Me había despertado hace unos minutos y observaba el cielo a través de las ramas del espino que me acompañaba, aún tenía sueño y dormitaba a ratos. De pronto me di cuenta de que estaba observando el mismo cielo, las mismas ramas, pero fui consciente de que mis ojos físicos permanecían cerrados, comencé entonces a ver que la imagen se desdibujaba y aparecía una casa grande en medio del bosque, yo me aproximaba (con la consciencia de que era un sueño, pensaba) y me paraba frente a una puerta de grandes dimensiones. Alguien me decía que dentro de la casa iba encontrar respuestas inefables, revelaciones, misterios indecibles. Me preparaba para entrar y veía la puerta entreabierta: adentro estaba muy oscuro y una sensación de inmenso terror a la soledad e incertidumbre me azotó, entonces vacilé y frené el paso. Al momento siguiente la puerta se cerraba, algo así como en los dibujos animados cuando la sellan con acero y tornillos. Se desvanecía la puerta y la casa y nuevamente aparecía la imagen del cielo y las ramas del espino, pero esta vez algo distorsionada ya que veía mis pies apuntando hacia el cielo, veía también en mi cuerpo un aura de color grisáceo y azul, en el cual fluctuaban burbujas gigantes, amontonándose entrando y saliendo a través de esta aura, y pensé entonces: "estoy VIENDO", es decir, percibiendo videntemente. Forcé la visión (no sé como) y estas burbujas azules y celestes incrementaron su brillo, al momento que sentí un dolor terrible en el costado derecho del dorso. El dolor era físico y observe el costado y una vena sobresaliente en este sector, del oblicuo a la axila, al momento que se dibujaba una especie de tatuaje con un dragón o serpiente envolviendo dicha vena, y esta vena se tornaba de otro color, amarillo o grisáceo, y luego dejaba de VER y el dolor desaparecía.
Ahora veía nuevamente el cielo pero esta vez con tres escalones, y yo me encontraba con mis pies apuntándolo en el primero, sentía que si quería seguir o avanzar hacia el siguiente eslabón tenía que dar un salto mortal hacia el cielo, con cuerpo y todo. Sentí terror y no pude hacerlo. Entonces volví a sentir que tenía los ojos cerrados y que me encontraba en la montaña, amaneciendo en el segundo día. Un poco aturdido y atribuyendo mi aturdimiento al sueño, abrí los ojos y pude ver exactamente el mismo pedazo de cielo y las mismas ramas que había estado viendo todo ese lapso indeterminado.
Allí comprendí que había tenido una visión. Me quedé muy quieto mirando ese paisaje inolvidable de cielo y ramas, y repasando la visión una y otra vez hasta memorizar cada detalle.


Super-vivencia

Los días que siguieron fueron realmente espacios temporales que considero fuentes de inagotable aprendizaje. Teniendo solo unos cuantos metros cuadrados por los cuales sondear mi naturaleza física, no me hizo falta moverme más de tres durante todos los días. Quise agotar la menor cantidad de energía, y cuando debía moverme ineludiblemente para tapar el sol con una manta y asi no sofocarme, caía al piso nuevamente fatigado y con mucha nausea, en ocasiones a punto de vomitar. Todo aquello no me impedía aprender de la ansiada brisa fría, de mi cuerpo, de mi interior, de mis relaciones y de mis secretos. Pero por sobre todo del agradecimiento al agua. Eso es todo. Agua lo que necesitamos. La comida era el menor de todos mis problemas allá arriba, el agua era el primero, el calor el segundo.
Tuve dos visiones más, ambas nocturnas, pero de diferentes días. En una vi con el sentido espacial (percepción que parece física, pero no lo es) mi altar rodeado de gentes con trapos viejos, pelos largos, algo destartaladas. Eran unas seis personas, hombres y mujeres. Me encontraba en estado hipnagógico, es decir semi-despierto y semi-dormido. Al estar consciente viendo a estas personas pensé inmediatamente que debían ser muertos, personalidades de fallecidos de los alrededores del campo. Pero luego al reflexionar la mañana siguiente pensé en las experiencias de ciertos maestros, en donde describen cuando se presentan ciertas Jerarquías ante pruebas que les han colocado al iniciado. Mi impresión de verlos fue de que parecían vagabundos, gentes pobres, y esto encaja con las descripciones de los maestros, de aspecto muy humildes y que aparentan completa normalidad, y en muchas ocasiones adquiriendo forma de venerables ancianos. La otra visión fue más perturbadora. Me encontraba envuelto en el saco, tapado hasta la cabeza por culpa de los mosquitos. A ratos me destapaba la cara y respiraba aire fresco, pero cuando venían los insectos me encerraba de nuevo. Esta dinámica duró toda la noche y en cierta ocasión en que miro hacia afuera veo un animal oscuro que me observa entre los arbustos. Tenía ojos amarillos y pensé en un zorro solo por lógica, pero de aspecto tenía forma de lobo. Lentamente me encierro nuevamente en el saco hasta la cabeza y me mantengo quieto y pidiendo asistencia interna para que dicho animal no me haga daño y no se acerque a mi altar. Me quedo dormido. Al día siguiente reflexiono en todas las ocasiones en que sacaba la cabeza y la volvía a meter y observo lo improbable de la situación, de que fuera un lobo el que estuviera en el lugar. Sin embargo la visión era clara y muy real, algo no frecuente de un sueño, que es distante e impreciso, nebuloso. De entre todas las veces que saqué mi cabeza en alguna debí haberlo hecho en estado hipnagógico y haber tenido esta visión.


Consideraciones finales

Al bajar y concluir la ceremonia supe que acaba de finalizar una de las experiencias más fuertes de mi vida. La recomiendo para todo aquél de agallas, fuerza de voluntad, control de la mente y las emociones, madurez y sobriedad. Requisitos: confiar al Espíritu tu vida, tu cuerpo y tu conciencia, así como estar enganchado ineludiblemente a un propósito, poseer intento inflexible y una paciencia inquebrantable.

Nota
Cabe destacar la ronda de gentes participantes de aquella ocasión eran en total treinta y cinco buscadores (en esta foto hay personal de apoyo y faltan muchos buscadores), pero más de la mitad eran mujeres. Notoriamente el eterno femenino siempre obtiene ventaja y una inclinación natural hacia la práctica espiritual.



Nomblade

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